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# Unidad 7: ¿Por qué llamó Dios a Israel?

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Pregunta: ¿Por qué llamó Dios a Israel?

Respuesta: Dios llamó a Israel para recibir su promesa, vivir como pueblo del pacto y llevar bendición a las naciones.

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## Lee

- Génesis 12:1--3 (RVR60): Dios promete bendición a Abraham y a todas las familias de la tierra.
- Éxodo 19:4--6 (RVR60): Israel es especial tesoro, reino de sacerdotes y nación santa.
- Deuteronomio 6:4--9 (RVR60): Israel aprende a amar al Señor y enseñar sus palabras en la vida diaria.
- Salmos 67 (RVR60): la bendición de Israel se ordena a que las naciones conozcan a Dios.
- Isaías 49:6 (RVR60): el siervo de Dios es luz de las naciones.

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## Qué significa la respuesta

Después de que el pecado tuerce la vida, Dios no abandona el mundo: llama a un pueblo. Llama a Abraham, rescata a Israel de esclavitud y da pacto, ley, culto, sacerdocio, sacrificio, sabiduría, reino, profetas, exilio, retorno y esperanza. No es un prefacio casual a Jesús, sino el camino donde Dios enseña quién es, qué son santidad, pecado y misericordia, y cómo llega bendición a las naciones.

La ley no es escalera para subir a Dios, sino instrucción del Dios que rescata. Enseña adoración, justicia, misericordia, santidad corporal, amor al prójimo, descanso, verdad, memoria y dependencia; también expone pecado. Los profetas dicen la verdad, el exilio muestra el costo de rebelarse y las promesas mantienen viva la esperanza.

Jesús viene como Mesías de Israel. Cumple la promesa a Abraham, la esperanza de David, templo y sacrificio, sabiduría de la Torá, clamor de los Salmos y palabra profética. Saltarse a Israel adelgaza el evangelio.

Importa la historia entera: creación, caída, promesa, pacto, ley, culto, reino, exilio, profecía, Mesías, cruz, resurrección, Espíritu, Iglesia y nueva creación.

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## Cuando esperar se siente como ser olvidado

La espera puede parecer olvido. Así la vive un niño que espera que su padre vuelva a casa; también un soltero que espera compañía, una pareja que anhela un hijo o un enfermo que aguarda resultados. Puede vivirla una iglesia que necesita reparación, una persona en duelo que espera que el día pese menos o un creyente anciano cuyo cuerpo se debilita.

La espera no siempre es serena. A veces se siente como ausencia. Israel da lenguaje para ese lugar.

El pueblo espera con promesas en los oídos y dificultad en las manos: esterilidad, esclavitud, desierto, exilio, dominio extranjero y silencio. Canta "¿Hasta cuándo, Jehová?" (Salmos 13:1 (RVR60)) mientras los profetas dicen la verdad acerca del pecado y siguen anunciando esperanza. Espera con sábado, fiestas, memoria, sacrificio, hogares y Escritura.

Esta espera no es un vacío pasivo. Es una vida ordenada alrededor de la promesa de Dios cuando esa promesa todavía no se ha vuelto vista.

A veces Dios libra pronto. A veces se abre el mar Rojo, nace el niño, llega la respuesta, pasa el peligro, sana la herida o se abre la puerta. Pero la Escritura también enseña el camino largo: Abraham espera; Israel espera; los profetas esperan; María espera; la Iglesia espera la manifestación de Cristo.

Esperar bajo Dios exige honestidad y memoria al mismo tiempo. La honestidad dice:

> Esto es difícil. No me gusta la demora. Estoy tentado a creer que fui olvidado.

> Dios habló. Dios actuó. No abandonó su promesa. Cristo vino y volverá.

Ambas frases pertenecen a la fe cristiana. Si recuerdas sin honestidad, puedes volverte falso. Si hablas con honestidad sin recordar, la desesperación puede empezar a sonar como sabiduría. Israel nos enseña a sostener las dos cosas.

Cuando la espera se sienta como olvido, llévala a la oración, la Escritura, el culto y el cuerpo de Cristo. Rechaza al dios más rápido que podrías controlar. Di la verdad acerca de la decepción sin declarar que la demora carece de sentido. Pide el pan diario. Guarda un mandato. Canta un salmo. Di la verdad a una persona confiable. Recibe una señal de la fidelidad de Dios. Rechaza un ídolo que prometa alivio inmediato.

La espera no es toda la historia. Pero muchas veces es el lugar donde la promesa echa raíces profundas.

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## La silla junto a la cama del hospital

La cita debía dar una respuesta. En cambio, trajo otro examen, otra cita y otro mes de espera. El médico fue amable y habló con cuidado. Nada sonó desesperanzador, pero tampoco claro.

Después, la mujer se sentó junto a la cama de su padre y lo miró dormir. La habitación zumbaba. En la bandeja quedaba un vaso de agua a medio tomar. Tenía la Biblia abierta sobre las piernas, pero había leído la misma línea tres veces sin asimilarla.

Su hermano escribió: «¿Hay noticias?». Ella tecleó «En realidad no», lo borró y escribió: «Seguimos esperando». La frase se veía pequeña en la pantalla, pero cargaba mucho peso.

Quería una fe más fuerte. Quería decir algo valiente. Quería que la paz llegara como prueba de que confiaba en Dios. En cambio, le dolían los hombros y la línea de la Biblia se le nublaba. La respuesta del catecismo de la noche anterior parecía casi demasiado sencilla:

> Dios cumple sus promesas en Jesucristo.

No dudaba exactamente de la frase. Dudaba de que pudiera sostenerla en aquella habitación.

Una mujer mayor de la iglesia llegó con sopa en una bolsa de papel. No pidió un informe médico completo ni dijo: «Todo pasa por algo». Dejó la bolsa en la silla junto a la puerta e hizo otra pregunta: «¿Qué hay que cargar antes de la próxima cita?».

La hija casi lloró de alivio porque la pregunta era tan práctica. Había ropa que lavar en el apartamento de su padre, una receta que recoger, un hermano que necesitaba un informe más claro que sus mensajes de una sola palabra y una madre a quien alguien debía acompañar el jueves. La mujer sacó un bolígrafo, escribió cuatro líneas al dorso de los papeles de la clínica y envió dos mensajes. Solo entonces abrió el Salmo 13.

«Sé que Dios no nos olvidó; solo me siento olvidada». «Entonces no te haremos cargar sola esa frase».

> Señor, no nos has olvidado. Ayúdanos mientras nos sentimos olvidados.

Los resultados todavía no llegaban y el mes seguía siendo largo. Pero la espera había dejado de ser informe. Tenía un salmo, una receta, el jueves cubierto y un hermano que ahora sabía qué frase debía cargar.

Dos semanas después aún no había una respuesta sencilla. Un dato se veía mejor; otro abría una pregunta nueva. La hija lloró en el estacionamiento porque había deseado alivio o catástrofe, cualquier cosa más clara que otra respuesta parcial.

Esta vez no esperó a inventar una frase más fuerte antes de volver a casa. Escribió a las mismas tres personas:

> Seguimos esperando. ¿Pueden cubrir el jueves y orar conmigo otra vez el Salmo 13?

En ese mensaje, la lección de Israel se volvió práctica. Las promesas no se dan para que una persona cargue sola todo un desierto.

La historia de Israel ayuda a creyentes comunes en habitaciones como esa. No convierte la demora en una lección que debamos disfrutar. Nos da un pueblo que esperó con promesas en los oídos y dificultad en las manos. Nos da cantos para los días en que la fe es real pero tenue. Nos enseña que recordar no es fingir.

A veces la fe que sostiene es un salmo junto a una cama de hospital, un miembro de la iglesia que pregunta qué debe cargar y una promesa recordada mediante una ayuda muy común.

Atención. Israel no es trasfondo desechable. Los cristianos reciben sus Escrituras como Escritura y confiesan a Jesús como Mesías de Israel.

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## Preguntas para conversar

- ¿Por qué la historia de Israel no es solo información de fondo?
- ¿Cómo difiere la instrucción del pacto de una escalera para ganar amor?
- ¿Qué parte de la historia de Israel aclara a Jesús?

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## Práctica

Escoge una promesa, mandato, salmo o esperanza profética y pregunta:

- ¿Qué muestra acerca de Dios?
- ¿Qué muestra acerca del ser humano?
- ¿Cómo nos prepara para ver a Cristo?
